miércoles, febrero 27, 2013
El descanso del guerrero
jueves, septiembre 17, 2009
¿Por qué lo llamamos cultura cuando queremos decir gestión?
En Bruselas, la vida cultural florece y parece que cada día es primavera. Todos los jueves, una revista gratuita, de unas 40 páginas, resume las actividades lúdicas y educativas que se desarrollarán durante la semana.
Además, los cines, centros culturales, asociaciones teatrales y demás entidades producen sus propios programas, que obtienen una difusión más o menos considerable en los “puntos calientes” de la ciudad: museos, salas cinematográficas, galerías de arte, etc.
Hoy he recopilado unos cuantos folletos y me he parado a leer uno de ellos. Es el periódico mensual NOVA; una publicación de 12 páginas a tamaño folio en blanco y negro, en la que se presentan las 8 o 10 actividades que realizarán durante el mes de septiembre.
Me ha sorprendido al leer el editorial (algo que generalmente no hago, pero con las ganas que tengo de aprender francés me leo hasta la etiqueta del champú) una reflexión bastante lúcida sobre la gestión cultural.
NOVA intenta desarrollar el concepto de Slow Promo (parecido al fenómeno Slow food, que consiste en oponerse a la comida rápida a través de la recuperación de alimentos y recetas tradicionales a unos precios que te hacen adorar la comida rápida aunque hayas visto SuperSize Me).
La justificación es que no se puede gastar más dinero en la publicidad que en el propio acto cultural y sobre esto no cabe la menor duda.
La razón verdadera es que los productos culturales que puede ofrecer NOVA, debido probablemente a la escasez de presupuesto, están dedicados a un público de culto (“elitista” al fin y al cabo) y por lo tanto carece de sentido una promoción “para todos los públicos).
El sistema obliga y premia al ratón de biblioteca con sesudas producciones cinematográficas o muestras de arte (a veces mejores y a veces peores), mientras penaliza al ciudadano medio, demasiado ocupado para detenerse a la entrada del cine en el mueble dedicado a los folletos de información cultural.
Ahora, tal y como están las cosas, a ver quién es el guapo que dice, la cultura es para todos, es una cosa democrática y todas esas vainas.
Digamos las cosas como son, la cultura es para el que se interesa (y dentro de la cultura, la música es para el que se interesa, el cine, el arte o la literatura ídem y así todo). Seguramente, mis conocimientos de ingeniería industrial dejen mucho que desear, igual que los conocimientos de italiano de Víctor se limitan a “la sua colechione di maquinini”.
¿Qué hay de malo? ¿No es acaso la vida cuestión de prioridades? O tal vez no.
PD. Iba a añadir una foto pero ya es bastante que me dejen publicar esto robándole el wireless a algún vecino despistao.
sábado, octubre 25, 2008
El Cultureta: Drácula, de Bram Stoker
Para los despistados, este es el libro original sobre los vampiros, que recogió las leyendas que sobre los vampiros había en centroeuropa (y el este) y los puso de moda.
La principal conclusión que se puede sacar del libro, es que prácticamente todo lo que nos han contado de ellos en otros libros, películas y cómic son burdas imitaciones. A los vampiros se les mata atravesándoles el corazón (no necesariamente con una estaca de madera) y cortándoles la cabeza.
Otra cosa destacable es que drácula podía caminar de día tranquilamente, como Pedro por su casa, además tenían fobía al agua y controlaban a algunos animales como lobos o ratas.
Otra cosa curiosa y que destaca al ver las pelis, es que aunque te muerda un vampiro, no tiene por que matarte, de hecho, casi siempre te deja vivo y no te transformarás en uno de ellos hasta que mueras de viejo en tu cama (o por cualquier otra circunstancia), luego está lo que en el libro llaman “Bautismo de sangre”, que si queréis enteraros, pues os leéis el libro que está muy bien.
Sobre el libro en sí, fue escrito a finales del siglo XIX, te muestran la perfecta e idealizada alta sociedad de la Inglaterra industrial. Los hombres son perfectos caballeros, todos nobles o enriquecidos, de carácter puro e intenciones siempre limpias, Las clases bajas, cuando aparecen, es para ser sobornadas para conseguir información. La actitud de los hombres hacia las mujeres también es curiosa.
En conclusión, nos muestra una sociedad que aunque ya es plenamente capitalista, conserva la moral casi medieval de la pura y dura caballería.
Un libro interesante en todas sus vertientes, tanto en el planteamiento (una serie de notas, diarios, fonógrafos… unidos cronológicamente), como por su propia historia y trasfondo.
Víctor M R Cañamero