miércoles, septiembre 10, 2008

El oso y la Pelusa




Una mierda, una mierda grande y hermosa, eso es en lo que se había convertido su mundo. Tirado en una esquina detrás de la cama, en la penumbra más absoluta, con los ojos negros de plástico clavados en el somier, acompañado de una pelusa más grande que él.

Había perdido la concepción del tiempo, la verdad que para un muñeco el tiempo nunca es importante, pero había conseguido sobrevivir a mas de diez pasadas de escoba, arrinconado en aquella esquina cual numantino con una chincheta entre los dientes. Pero hasta aquel instrumento demoníaco había dejado de pasar hacia mucho.

A su lado se había ido formando una gran pelusa a la que había apodado George. Un tipo interesante teniendo en cuenta lo que era.

Andrea acababa de poner la música a todo volumen y se había sentado delante del ordenador, debajo de la cama ellos sólo le veían los pies.

- Maldita música del demonio.- El muñeco hizo ademán de taparse las orejas, pero dado que era un trozo de trapo tampoco le sirvió de mucho.

- Creo que se llama heavy metal, y para algunos es algo celestial ¿Acaso no eres capaz de apreciar la sutileza del metal? ¿la fusión de estilos? ¿La potencia y la energía que transmite?

- Eres una pelusa extraña y siniestra.

- Y tu un muñeco anticuado y resentido.

- Ella me llamaba Kunut, era su Kunut anticuado y resentido…

El pequeño oso, algo deshilachado, bajó el rostro. Uno de los ojos de plástico colgaba solo de un trozo de cordel, llevaba una pequeña chaqueta vaquera, el último regalo que le hizo Andrea antes de olvidarse definitivamente de su existencia.

- ¿Aún no lo has superado? Afróntalo, las personas cambian, eligen su camino y cosas como tú y como yo se vuelven un estorbo, ella tiene su vida y nosotros ya no pintamos nada, tú al menos podrás llegar a ser un recuerdo agradable, yo siempre seré esa cosa de debajo de la cama.

- ¿Qué sabrá una pelusa de estas cosas?

- Aunque no lo creas llevo en este mundo mucho mas que tu, las pelusas somos un solo ente que se ha ido transportando debajo de cama en cama a lo largo de innumerables siglos, las pelusas no se crean ni se destruyen sólo se transforman.

- Eres una pelusa extraña y siniestra.- Volvió a repetir el oso mientras lo miraba fijamente.

Le pareció que George le devolvía la mirada, o eso se quería imaginar Kunut, pues las pelusas no tenían ojos. Eran un conglomerado de polvo, piel humana, ácaros y otros desperdicios.

- Supéralo.- volvió a repetir George.

- Lo he intentado, me lo repito todas las mañanas, todas las tardes, cada momento del día. Pero no puedo evitar sentir ese cosquilleo, esa extraña sensación de vació, de estar al borde del precipicio, quiero que sea feliz, pero cuando veo que lo es sin mi, que no me necesita…

- Supéralo.- volvió a repetir George.

- ¿Qué pasa que se te ha rallado el disco? Como vuelvas a repetir que lo supere te clavo esta chincheta.- El peluche cogió una chincheta de mango azul y la esgrimió contra George.

- ¿Es que no sabes que no puedes matar una pelusa? Ya te lo he dicho, no puedes destruirnos, somos peores que las cucarachas, Batman, los vampiros o todos los héroes y monstruos de cuestionable género que inundan la iconografía humana. Además, a ti tampoco te puede hacer daño una cosa de esas.- George cogió otra chincheta y se la clavó a Kunut en la cabeza.

- ¡Eh! Seré un peluche, pero tengo sentimientos.

- Como sigas así me voy a la cama de la hermana de Andrea, que me han dicho que todas las noches hacen fiestas de barbies, y ya sabes lo que dicen de las barbies.

Kunut no dijo nada, tiró la chincheta y cogió un pequeño bote relleno de lejía. Lo puso contra el hilo que representaba su boca y dejó que la tela se impregnara de ella.

- ¿De donde demonios sacaste eso?

- Una cucaracha me lo trajo hace tres escobas.

- Esas cosas hacen que al final pierdas el color, tu tela se ablandará y te romperás.

- ¿Y qué más me da? Me ha sustituido por un humano, seguro que tiene los dientes torcidos o le huele el aliento.

- Pues parece majo, según he oído el chaval esta estudiando una carrera y además estudia idiomas.

- ¿Acaso un chico que juega a saltar encima de la cama con Andrea por las noches puede ser interesante?

- Kunut, Andrea y él no juegan a saltar encima de la cama…

La pelusa volvió a “mirar” al viejo oso de peluche, si Kunut hubiera podido abrir los ojos mas, lo habría hecho, pero no tenía párpados.

- No, no puede ser ¡Arrrrrggh! Que asco, y justo encima nuestro ¿Es que no tienen respeto por nadie? ¡Yo he dormido con ella muchas más noches que las que lo ha hecho ese fitipaldi de patillas largas! ¡Han profanado mi cama!

- No es tu cama y ya no es tu mundo, eso es a lo que te tienes que hacer a la idea, deja de preocuparte por algo que ya no tiene sentido, si algún día Andrea te necesitase, cosa que dudo bastante, ya se encargara de buscarte, mientras tanto olvídala.

- Eres una pelusa extraña y siniestra, debí de clavarte esa chincheta.

- Si tú lo dices.

El oso volvió a dar un trago de lejía, dejando que la esperanza terminara de devorarle por dentro. Al fin y al cabo ¿Qué otra cosa podía hacer un muñeco?

3 comentarios:

Iñaki Sainz De Murieta dijo...

Hola Can! En primer lugar, decirte que es todo un honor para mí inaugurar tu Blog con estas breves líneas.
Espero que poco a poco vayas subiendo más cuentos e historias, que siempre son agradables de leer, hasta que un año de estos acabes el libro, que espero que me dejes leerlo hasta que pueda comprarlo en las librerías. (Si consigues una editorial avísame que yo haré lo mismo. No olvidemos Can, amigo, que una de las bases de la amistad es la reciprocidad... Vamos, que si consigues editorial y no me dices cual es me acordaré de tí a menudo, pecador XD)
Bueno, bromas aparte, muchísima suerte con el Blog. Espero que lo divulgues hasta el infinito y más allá, intentaré ayudarte en lo posible.

Laten Almas dijo...

Bueno..después de etxarle un ojo a esto he decido dejarlo todo y kasarme kontigo tío..JAjaj...La verdad es ke el rinkón es digno de hacerse un piti kogerse un vaso agua y deleitarse,joder algo sabia ke te gustaba escribir pero no sabía ke se te daba tan bien,un placer,como de kostumbre.

Víctor M.R Cañamero dijo...

Miguel, Iñaqui, muchas gracias por pasaros por aqui.

Miguel, me alegro de que te molara, pero ya sabes que nunca llegaré al nivel de tu cuaderno de poesías.

Un saludo Todos y a ser felices