martes, octubre 21, 2008

La Historia: Pueblo Abandonado


Pese a la calefacción del coche Adrián seguía llevando puesto el abrigo. Apenas unos kilómetros antes un conductor lo había recogido haciendo autostop.

El hombre no tenía mucha conversación pero había tenido la suerte de que fueran hacia el mismo destino. El conductor le advirtió que antes tenía que pasar por un pueblo a hacer un recado. Adrián no puso reparos.

Tras unos minutos de silencio aquel hombre de aspecto juvenil comenzó a charlar.

- ¿Qué hacías por esta carretera a estas horas?
- Quería llegar andando a Barrajos, pero calculé mal las distancias y se me hizo demasiado tarde, tenía que haber cogido un autobús allí, pero cuando vi que me sería imposible tomarlo hice autostop.
- Vaya, menuda faena, yo me llamo Rafa.- Dijo señalándose a un bolsillo de la chaqueta en la que ponía su nombre.- ¿y tú?
- Me llamo Adrián.
- ¿A qué te dedicas?
- Soy escritor, sobre todo de cuentos y leyendas.
- ¿Cómo Bécquer?

Adrián sonrió, las leyendas de Bécquer habían sido efectivamente su inspiración desde que de pequeño las había leído, así que no tuvo más remedio que asentir afirmativamente.

- Si, de hecho ahora ando trabajando en un libro de leyendas populares, pero yo me inclinó más hacia el género de terror.
- ¿Enserio?- La expresión que dibujó Rafa en su cara denotó su interés. Entonces puede que te interese la del pueblo que vamos a visitar.
- Claro, me encantaría escucharla.
- La verdad que el pueblo apenas son una veintena de casas, se abandonó en los años sesenta, cuando el pueblo estaba amenazado por la construcción de un pantano. Dicen que hubo un hombre que se negó a abandonar el pueblo, de tal forma que se quedó solo. Finalmente el pantano no llegó a cubrir el pueblo pero la gente no volvió. Aquel individuo se pasaba grandes temporadas completamente solo, de vez en cuando alguno de los antiguos habitantes que iban al cementerio pasaban a visitarlo, pero un año no lo encontraron en su casa, desapareció.
- ¿Y no intentaron buscarlo?
- Claro que si, pero no hubo resultados y la cosa se complicó, pues desaparecieron otras dos personas del equipo de rescate, una de ellas un guardia civil. Finalmente se pensó que los desaparecidos habrían entrado por alguna razón al lago y se habrían ahogado, pero pese a que se rastreó el fondo nunca encontraron ni una pista de ellos.
- Pobres hombres.
- Si, pero no fueron los únicos, a lo largo de los últimos cuarenta años han desaparecido al menos una veintena de personas, la mayoría excursionistas, pero también una pareja de ocupas que intentó rehabilitar una casa en los años ochenta.
- Y es ahora cuando viene la leyenda ¿No?
- Efectivamente.- Rió Rafa.- Dicen que en realidad, aquel habitante que se quedó en el pueblo no murió, sino que hizo un pacto con el diablo. Su intención era que el pueblo volviera a estar habitado, pero como siempre suele pasar, el diablo lo engañó, y no eran las personas las que se quedaban a vivir en el pueblo, sino sus almas, no obstante aquel hombre no paró con su fallido plan, sino que siguió recogiendo almas. Algunas personas que han pasado la noche en el Pueblo dicen haber visto el fantasma de los desaparecidos, incluso afirman haber oído sus voces.
- Vaya, me extraña que el pueblo aún no haya salido en cuarto milenio.- El hombre rió alegremente ante la ocurrencia de Adrián.- ¿Y por qué va a ese pueblo?
- Porque yo soy ese habitante maldito mi querido amigo.

Rafa lo dijo de una forma tan seria y miró de tal forma a Adrián que durante un momento su corazón dio un vuelco, pero enseguida Rafa comenzó reírse y Adrián le imitó en parte aliviado.

- Has conseguido asustarme.
- Ya estamos llegando.- Dijo Rafa ignorando a Adrián y tomando un camino de tierra.

Al principio con los árboles no pudo ver gran cosa, pero llegado un punto los pinos cesaron y ante Adrián apareció un paisaje hermoso, una gran luna llena se reflejaba en un lago mediano y junto a la orilla se erigía un pequeño pueblo del que apenas se veían las siluetas dibujadas por la luz lunar.

Rafa paró el coche en la entrada del pueblo, las casas que se veían carecían de tejado y los muros no parecían muy firmes.

- No tardaré mucho, puedes esperarme dentro del coche si quieres.- Rafa no le dio tiempo de contestar a Adrián, salió con paso rápido y se encaminó hacia el pueblo.


El calor que había acumulado el coche se disipó rápidamente y un escalofrío recorrió el cuerpo de Adrián, sólo se escuchaba el sonido de su respiración que creaba vaho en el cristal. Su vista no se apartaba del camino por el que Rafa había desaparecido. De repente vio una sombra entre las ruinas de una de las casas, pero cuando intentó verla mejor ya no estaba. - “La imaginación me juega malas pasadas”- Pensó Adrián. Apartó la mirada hacia el lago y al hacerlo se le heló la sangre, una figura blanca se erguía a la orilla, toda la ropa, su cabello… eran del mismo color que la luna. Cuando giró el rostro pudo ver sus dos ojos rojos como las llamas. La figura desapareció, para volver a aparecer a los pocos instantes más cerca del vehículo.

El corazón de Adrián comenzó a acelerarse, trató de gritar, pero apenas pudo lanzar un aullido, cuando la figura estaba a menos de diez metros del coche, mirándole fijamente con una expresión seria que inspiraba verdadero pavor, Adrián reaccionó.
Abrió la puerta del coche y corrió hacia el pueblo, intentando seguir los pasos de Rafa, comenzó a gritar su nombre desesperádamente, buscando una luz que indicara donde podía encontrarse el conductor, pero todo era en vano, no tardó en llegar a una pequeña plaza, donde se levantaba la vieja torre de la iglesia, se acercó a una fuente seca para apoyarse, pero otra mano blanca como la escarcha trató de agarrarle la mano.

Adrián dio un respingo y calló al suelo de espaldas, vio la imagen pálida y casi transparente de un niño, sus ojos también eran rojos, que refulgían en la noche, pero su expresión no era seria, sino de pena. Los labios de aquella figura se abrían y cerraban sin emitir sonido alguno, Adrián retrocedió en el suelo siempre sin perder de vista aquel ser, pero pronto se dio cuenta que desde las ventanas y resquicios de los edificios de la plaza aparecían nuevas figuras, todas observándole, había mujeres, hombres, ancianos… todos blancos con miradas rojas. Una de ellas, que parecía llevar una pistola en la mano comenzó a acercarse de la misma forma que había visto anteriormente al espectro en el lago.

Adrián se levantó y comenzó a correr hacia la única salida del pueblo en la que no vio a ningún de aquellos seres, pero no conseguía perder de vista a la figura armada, salió del pueblo y vio el cementerio, trató de mirar a su alrededor para buscar otro camino, pero el espectro parecía taparle todas las salidas.

Pese al miedo y el pánico que ya se habían apoderado de él entró en el cementerio, la figura parecía estar cada vez mas cerca, apenas a unos pocos metros. Adrián no dejaba de mirar para atrás, en una de estas veces la figura apareció enfrente suya sorprendiéndole. Adrián grito y volvió a retroceder lentamente hasta tropezar con una tumba. El espectro comenzó a levantar el arma apuntando en su dirección, en aquel momento reconoció las ropas de aquel espectro, eran las de un guardia civil.

Adrian cerró los ojos esperando su fin, pero cuando este no llegó volvió a abrir los ojos, ya no había nada. Tembloroso se giro y miró por encima de la tumba en la que estaba apoyado sin ver nada, finalmente observó la misma tumba, tan sólo había un nombre “Rafael Paltina Torres”.

Se levantó y comenzó a andar inseguro, el ruido de una rama crujir bajo sus pies le hizo volver a dar un grito y comenzó a correr, bordeó el pueblo y vio el coche de nuevo, junto al vehículo estaba Rafa con una linterna, gritando su nombre.

Corrió hacia el, pidiendo auxilio, cuando llegó, Rafa le agarró del brazo.

- ¿Este bien? ¿Qué ha pasado?
- Espectros… en el pueblo ¿No los has visto?
- ¿Espectros? No se lo que te habrás tomado hoy, pero en el pueblo solo casas vacías y calles desiertas.

Adrián miró angustiado a Rafa y después volvió a mirar al pueblo.

- Por favor, vámonos ya, sácame de aquí.- La súplica de Adrián surtió efecto.

Rafa y él se metieron en el coche y salieron de nuevo a la carretera.

- La noche a veces juega malas pasadas a la mente.- Dijo Rafa para romper el hielo.
- No, estoy seguro de lo que he visto.
- ¿Me estas diciendo que la leyenda es cierta?- Rió Rafa.- Bueno, al menos ahora tienes material fresco para tu novela, quien sabe, quizás el pueblo se vuelva famoso y la gente venga a visitarlo.- El tono de Rafa era chistoso, pero había algo en el que le resultó extraño.

Cuando llegaron a su destino Rafa paró el coche, salió y abrió la puerta a Adrián.

- Tienes la cara más pálida que he visto en mi vida.- Dijo Rafa.- Será mejor que descanses, al menos ahora tienes una buena historia que contar.- Rió.
- Claro.- Cuando fue a darle la mano Adrián se fijo en la chaqueta de Rafa, en ella había puesto nombre: “Rafael Paltina Torres”

4 comentarios:

Punky de Pana dijo...

Me encanta, al final la moraleja es que No se deben tomar drogas, que si no os pasa como el jipi de mierda de Adrian que iba hasta el culo de LSD, o no es esa la moraleja???


en serio si me ha gustado, aun sin moraleja

Alais dijo...

Tiene un encanto muy particular, como todo lo que escribes. Me gusta leerteeeee!! eres muy ameno si si si

Víctor M.R Cañamero dijo...

al final habeis conseguido sacarme los colores :).

Me alegro que os guste, aunque no tenga moralejas profundas (a parte de la apuntada por punky).

Un abrazo y a ser felices

víctor

Elena - Madrid dijo...

A pesar de ser la mayor miedica que hay en este país (puede que el radio sea incluso mayor) me ha gustado la historia. Eso sí, avisa cuando vaya a ser de miedo para leerla un día a las 3 de la tarde, y no a las 3 de la mañana sola en casa y a oscuras... brrrr....