martes, diciembre 09, 2008

Historia: El rey de los muertos

Esta es una historia antigua, por lo que puede tener más fallos de lo normal.


Los pasos resonaban por los pasillos del gran Cronos, el sagrado y milenario edificio cuya cúpula vidriada era visible desde cualquier punto de la ciudad. El mármol que recubría las paredes de los corredores ayudaba a dar frescor al lugar, algo que se agradecía en los áridos veranos de Ul-Hamir.

Llevaba el peto de cuero negro sobre el pecho desnudo, dejando al descubierto los brazos tatuados con las runas protectoras de los brujos arcanos. La falda, igualmente negra, le llegaba hasta los tobillos y la capa de seda blanca flotaba en el aire por el rápido caminar del rey.

Los guardias que protegían la puerta de entrada a la cúpula se cuadraron, mirando al techo para así tratar de no cruzar sus ojos con los del monarca.

- Abrid enseguida.

Una voz tranquila y melodiosa sirvió para que los dos hombres dejaran las largas lanzas que portaban y se apresuraran a empujar con esfuerzo los dos grandes portones de cedro oscuro. No esperó a que terminaran de abrirlas. Pasó hasta la iluminada estancia donde el calor era intenso y la piel se llenaba de un sudor pegajoso que se agarraba a la ropa.

Los hombres, con renovados esfuerzos, cerraron de nuevo la entrada. Un gran reloj de Arena de veinte metros de altura se elevaba en el centro de la estancia, en cuatro puntos contrapuestos descansaban órganos de cien tubos, usados en las ceremonias del cambio de año.

Varías mesas se disponían alrededor del reloj, la mayoría llenas de pergaminos y velas apagadas. Durante un momento observó el lugar, rozando con su sandalia las rocas calizas que cubrían el suelo.

- ¡Quart! - El rey, pese a tener una voz dulce, denotaba un punto de impaciencia.

El sonido de una silla arrastrarse fue el preludio de la aparición de un anciano que caminaba con el pecho desnudo. El pelo blanco le cubría el torso, su barba y cabello trenzado le llegaban hasta la cintura y una falda color miel cubría sus piernas que avanzaban lentamente. Se ajustó unas gruesas lentes a los ojos y entornó la mirada tratando de reconocer al visitante.

Un pequeño mono alado descansaba en el hombro del anciano, observando al rey mientras se rascaba la cabeza.

- Mi joven príncipe…- Dijo el anciano sonriendo.
- Ya no soy príncipe ¿No lo recuerdas Quart?
- Perdone, majestad, aún no me acostumbro, parece que fue ayer cuando…
- No he venido a recordar viejas historias maestro. El verano esta durando más que de costumbre, el año entero parece ser eterno.
- Sólo los dioses pueden decidir la velocidad a la que cae la arena mi señor. Los adivinos dijeron… - Que era un castigo de los dioses…
- Y según tengo entendido por ello sus cabezas están clavadas en las puertas de la ciudad.- Las arrugas del rostro del anciano parecieron dibujar una sonrisa.
- Veo que sigues siendo tan sincero como siempre.
- Me temo que la sinceridad se haya vuelto una virtud peligrosa en estos tiempos.

El rey se acercó hasta una de las mesas en las que descansaba una bandeja de pasteles de miel y queso fresco. También había un vino oscuro y fuerte en una jarra de barro junto a dos copas de vidrio azul.

- Mis enemigos no son sinceros Quart, parece que a todos les gustaba más la forma de gobernar de mi padre.
- Su padre no mandó ahorcar a sus hermanos y tíos el día de su coronación mi señor.
- Era la mejor forma de ahorrarme futuras conspiraciones.
- Parece que no lo ha conseguido. El poder de un rey viene de su benevolencia, de su buena gestión del reino, de la paz que da sus ciudades.
- El poder de un rey viene del miedo que es capaz de infundir a su pueblo.
- Yo no te enseñe eso mi señor.

El viejo bajo la cabeza, mirando al suelo pensativo. Mientras, el mono saltó de su hombro y planeó hasta la mesa en la que descansaban los manjares.

- Veo que no has probado los dulces que te envié.- El rey cogió uno y se lo metió en la boca, masticando lentamente mientras cerraba los ojos saboreando el sabor dulce de la miel y la frescura del queso.
- No tenía apetito mi señor.

El monarca cogió un segundo dulce mientras el simio al verle comer cogió otro y salto de la mesa, corriendo hasta las piernas del anciano para degustarlo allí.

- ¿Ya no me llamas por mi nombre Quart?
- Si así lo deseas, le llamaré por su nombre, Sabin.
- ¿Esperabas visita Quart?
- ¿Por qué lo pregunta?
- Porque tienes vino y dos copas preparadas.
- Siempre tengo vino para ofrecerle a mis visitas, tiene un cuerpo fuerte, como le gusta a usted.

Sabin sirvió las dos copas y le llevó una a Quart. Que la cogió con una de sus esqueléticas manos.

- El viejo Quart, siempre fiel y sincero, quizá te debí de nombrar a ti consejero.
- Sería un honor, pero mi sitio esta aquí, siempre lo ha estado, junto al reloj.
- ¿Acaso tienes miedo de acabar como los anteriores consejeros?
- Soy demasiado viejo para temer a la muerte.- El mono volvió a subir hasta su hombro y él le acarició la cabeza.
- Demasiado viejo… Últimamente todos los que tratan de traicionarme son viejos, quizás debería ordenar a mis guardias que mataran a todos los ancianos de la ciudad.
- Los ancianos conservamos la sabiduría que sólo los dioses del tiempo pueden dar, Sabin. Matarlos te privaría de sus consejos en los momentos de tormenta.
- Es curioso, desde que llegó el verano no ha caído ni una sola gota pero no hago más que ver tormentas. Cada vez que se despeja una aparece otra.

El anciano permanecía de pie, ninguno de los dos había bebido todavía un sorbo del vino. Sabin avanzó hacía uno de los órganos y rozó los plateados tubos con sus finos dedos.

- Brindemos Sabin, porque las tormentas no nublen tu juicio, para que el reino sea prospero y sus habitantes felices.

El anciano levantó su copa y bebió. El príncipe sonrió e hizo lo mismo, dejó la copa en el suelo y se sentó en el órgano, comenzando a tocar unas notas graves.

- Siempre te tuve cariño Quart. Cuando ahorqué a mis hermanos y tíos mi razón me decía que debía hacer lo mismo contigo, pero te apreciaba demasiado.
- Quizás debiste hacerlo Sabin.

El anciano sonreía mientras acariciaba a su simio.

- A todos nos llega la muerte, y a nosotros nos llegara antes que al resto.- Sabin miró la copa de vino.

Durante un momento se hizo el silencio. Sabin volvió a mirar hacia el órgano y comenzó a tocar una melodía triste, de tonos bajos y profundos.

- Que imprudencia por mi parte, dejarme envenenar tan fácilmente. Ahora que me acuerdo… Cuando vine aquí de pequeño nunca ofrecías vino a mi padre.
- Has cometido demasiadas atrocidades Sabin, los Dioses no podían permitir que siguieras gobernando.
- Y tú has sido su mano ejecutora… Entiendo. Aunque demasiado tarde para el pobre Boticario, hace una hora que tuve que mandar que lo decapitaran. Los ojos del anciano se entrecerraron, los efectos del veneno habían comenzado a surtir efecto, la tripa se le contrajo en un puño y tuvo que esforzarse para no caer al suelo.
- El boticario…
- Si, una auténtica pena, tenía un gran conocimiento sobre medicinas y enfermedades, pero me enteré que le había prestado un extraño veneno a alguien de la corte. Un veneno que se podía diluir en cualquier líquido, como el vino por ejemplo.
- No…- El anciano cayó al suelo mientras Sabin imprimía fuerza a su melodía, los vidrios de sus anteojos se romieron en varios pedazos.
- Decidí tomar la precaución de tomarme el antídoto de antemano.

El rey terminó de tocar la melodía y se acercó hasta el anciano que trataba de luchar para no terminar de caer al suelo. El simio corrió gritando y voló hasta encima del reloj. Quart extendió la mano y señalo al joven, que se agachó a su lado.

- Al final… solo reinaras sobre una ciudad de muertos.- El anciano luchaba para conseguir hablar. - Pero reinaré. Saluda a mis hermanos de mi parte Quart.

El anciano cayó inerte al suelo, con espuma blanca saliéndole entra las comisuras de los labios. Sabin le acarició la cabellera lacia, clavando en el sus ojos color violeta.

Víctor Manuel Ruiz Cañamero

Obra registrada con Creative Commons, permitida su difusión no comercial siempre que se cite al autor

3 comentarios:

ana ca_sa dijo...

¡Qué pedazo de cabrón el rey Sabin!
S-a-b-in qué significa: ¿Soberbio-altanero-bellaco-infame?
Desde luego nada que ver con los cuentos que yo te contaba...
Pero bueno la historia me gusta, es muy gráfica. Un joven y apuesto rey que 'no ha tenido mas remedio que matar a consejeros, amigos y familiares' ante el menor indicio de crítica o simplemente por el temor a perder la corona.
Es que hay algunos a los que el poder se les sube demasiado a la cabeza...

Víctor M.R Cañamero dijo...

Un poco cabrón si que era el chaval, pero bueno, no todo en el mundo son cuentos de hadas :)

Sergio dijo...

Como mola la historia! ... Po un momento pense que el consejero iba a triunfar ... Vaya 2 giros seguidos a la historia :-P

La moraleja que saco es ... ... "normalmente gana el malo" xDDD ...